viernes, agosto 18, 2006

...así terminan las cosas (texto escatológicamente surrealista, puede herir la sensibilidad de algún lector)

…cuántas veces tengo que pedirte que no me metas el dedo en el ojo, especialmente cuando antes te lo has metido en tu orificio rectal, ya sabes que eso me sienta de culo. ¿Acaso no te basta con hurgarte en tus propias narices; tienes también que hurgarme siempre en la misma herida? Quiero el divorcio, y lo quiero ya mismo, sin más contemplaciones, sin más rodeos, fríamente, sin más excusas melosas. Lo quiero rápido, express y con sacarina, así me gusta y así me tomo este final.

…-“pero amor, por favor, no digas eso; antes quisiera intentarlo con un orientador matrimonial”. “-Ponme los cuernos con quien te dé la maldita gana, de ti ya nada me importa. La última vez que te empecinaste y fuimos a una sexóloga, terminaste liado con ella, delante de mis narices”. –“Cariño, formaba parte de la terapia, tenías que enfrentarte a tus propios miedos y a tus celos infundados; trabajábamos el sentimiento de pertenencia y exclusividad sexual, ¿no lo recuerdas?” -“A la mierda tú y tus terapias argentinas”.
-“Cielo, la terapeuta no era argentina, era Lorena, la de la radio, la de la tele, la de dos rombos, acuérdate…”

-“Mírame bien, pusilánime; tengo 35 años, dos tetas grandes y bien puestas y no necesito especialistas de nada que me enseñen cómo encajar a necios como tú que sólo saben pensar con la cabeza del glande y que producen ingentes cantidades de Feromonas en su cerebro. Necesito amor y no sexo las 24 horas del día. Necesito que me escuches cuando te hablo, que me mires a los ojos, y no al único ojo y tuerto que pareces reconocer en mi cuerpo. Necesito sentir que soy importante en tu vida, que entre tú y yo hay algo más que sábanas impregnadas de semen. Necesito verte como te vi el primer día que apareciste empapado por la lluvia, entrando al restaurante. De la emoción, casi tiro la copa del vino al levantarme y de los nervios un pedo atravesado casi me revienta las bragas…”

-“Lo recuerdo mi vida, ese día tenías la regla y tu tampón salió disparado del susto que te diste. Fue estupendo. Fue a caer en la mesa de al lado, sobre el plato de espárragos del comensal y por el tamaño nadie se dio cuenta de lo sucedido; espárrago y tampón eran del calibre extra grueso. El cliente se comió el tampón y lo único que comentó fue lo extraño de la hebra que colgaba”. –“Ya, y tú te pusiste a cantar como un idiota lo de Evax María se fue con su tampón a la paya”….cómo me hacías reir…
“-Maldito capullo, te diste la vuelta enseguida para distraerle pidiéndole fuego mientras yo camuflaba el tampón con mayonesa. Qué diría su mujer al verlo flotando en el retrete de casa, y esta vez, ¿qué coño has comido?...”
-“Qué delicia de momentos aquellos, pero lo mejor llegó cuando te quitaste los calcetines mojados debajo de la mesa y todas las mesas empezaron a mirarse unas a otras tratando de localizar el origen del olor nauseabundo; ellas y ellos tan emperejilados no sabían quién había podido ser, y lo que es peor aún, dudaban de sí mismos, no fueran a ser él o ella quienes emanaban ese tufo corporal; ¿recuerdas cómo se retorcían en sus sillas olisqueando disimuladamente el ambiente, sus hombros, camisas y axilas?…todo el glamour y romanticismo del entorno quedó abortado en un segundo, unos a otros pasaron de mirarse con amor y coqueteo, a mirarse con caras de asco y seguramente, más de una relación aquella noche, terminaría rompiéndose.”

-“Lo que sucedía en nuestra mesa, aquello, sí que era amor; hasta ese olor tuyo a calcetín mojado me olía a rosas…qué manera más inmediatamente corporal de conocernos, eso sí que es poner las cartas boca arriba desde el primer instante y presentarnos a gusto, uno al otro, a nuestras secreciones y efluvios. Hola, aquí mi tampón de regla, mis bragas a punto de reventar por un viento ventral, y hola, aquí tus pies hediondos de uñas largas con las que me rascabas las medias por debajo de la mesa hasta hacer en ellas más carreras que un caballo en un hipódromo.…fue un acto espontáneo de mutua confianza, de fe ciega el uno en el otro, de absoluta desinhibición en una primera cita…”

Maldita sea la vida y maldita la convivencia que todo lo mata. A eso mismo me refiero, a todo cuanto sucedió esa noche y en noches sucesivas, fuera o dentro de casa. Eso quiero, y eso se ha perdido. En mí ya sólo ves un agujero, grande y obscuro como el de Ozono y yo en ti, una cara de polla que sólo hace mención y honor a tu apellido y al de tus socios de despacho “Gil y Asociados”, “Gil y pollas”…. Se te ha subido la testosterona a la cabeza y los huevos te cuelgan de la cara a modo de papada…no quiero hablar más, mañana mismo nos vemos en el abogado.

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