viernes, agosto 04, 2006

Cuando sea mayor


...cuando sea mayor quiero ser Pelotazo, llevar una buena corbata de seda, bien ahogada a mi garganta, lucir buenas camisas con gemelos y tener un Porche a la entrada; eso sí, cuando me pregunten por Bertrand Russel, fingiré que me gusta, aunque no sepa si me hablan del diseño interior de mi coche, o de un nuevo perfume para hombres de 50 años; lo importante es y será siempre, ser Pelotazo.
De mis orígenes, tampoco querré saber nada, y de ello está prohibido hablar; de cuando llevaba vaqueros raídos, me comía los mocos trabajando sin parar tras el mostrador de una recepción de Hotel, y mi padre se mataba fileteando los cerdos de la matanza de la porquera de casa.
Por supuesto mi actual mujer, esposa y compañera fiel, que trabajaba de azafata, nunca sirvió una sóla copa como camarera, jamás pidió dinero prestado a las amigas a final de mes, y siempre fue la que sigue siendo hoy: florero del Pelotazo.
Ya me imagino gozando de los efectos del pelotazo, sentado en mi sillón de piel de lagarto de Comodoro, comprando y vendiendo deudas, que no patrimonio real, al frente de mi empresa, con mi apellido grabado y luciendo sobre la marquesina: Pelotaris Corporation. Muchos habrá que piensen que sudé como sudaron mis padres por mantener este nombre como mis abuelos hicieron, pero no, no fue una herencia familiar, tampoco ninguna continuidad generacional de empresa familiar, que va, fue algo mucho más sencillo y rápido que todo eso; bastaba con haber nacido en España, tener madera de chanchullero y venderte por lo que crees que vales.
Cuando mi padre viene a verme a la oficina o vuela en mi avión privado, siempre le hago entrar por atrás para que no le confundan conmigo y puedan ver en él lo que yo no soy, y en mí lo que yo no he sido. Lo lamento por él, es buena gente pero la buena gente hoy no llega lejos.
Ahora gozo al teléfono mientras coloco mis pies sobre la mesa de mi despacho, me cago en unos y en otros y de cuando en cuando en Dios, aunque sea católico y los domingos vaya a misa, pero soy humano y debo aceptar mis contradicciones.
Al pobre Manolo, el portero de mi edificio, le regalo todas las Navidades un jamón y mi secretaria le manda una postal de Navidad firmada por ella, por orden mía; sé que a ella ésto le hace sentirse importante y lo disfruta. Soy un tío legal. Cuando llego por la mañana, Manolo me abre la puerta del edificio, de mi edificio, me recoge las llaves del coche, me dá el periódico y se despide deseándome un buen día, Don Pelotaris. Lo de Don siempre me pone. Por eso no voy mucho por el pueblo, porque me llaman lo que siempre he sido. La verdad, compadezco su ignorancia. Lo mío ya es otro nivel .

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