La Noria
Se subió a la noria y cuando quiso darse cuenta, ésta llevaba no se sabe cuánto tiempo girando sin descanso en esa única, alienante e inequívoca misma dirección.... tal vez incluso sumara meses sentado en uno de sus asientos, trazando el mismo círculo y dibujo en el aire, una y otra vez, cientos y miles de veces al día, semana tras semana sin recordar en qué momento, y bajo qué injustificables circunstancias decidió, no recuerda bien qué día, subirse a esa espiral imparable.... aquella mañana sintió la urgencia, la necesidad de bajarse, abandonar el asiento y con él a su leal acompañante...sucedió estando arriba, en el crepúsculo de la mañana, en ese preciso instante cuando las agujas de un reloj se cruzan obligadas, en paralelo, condenadas durante un minuto a mirarse intensamente pero sin apenas rozarse, cuando, tocando con las manos el cielo, y mientras el viento mecía su balancín y despertaba en sus ojos una fría lágrima de esperanza, descubrió que a lo lejos aún seguía existiendo y perduraba un horizonte...
Cayó al suelo sin dañarse, se despidió de su acompañante lanzándole un beso de infinito agradecimiento y salió al encuentro de aquel horizonte...
Cayó al suelo sin dañarse, se despidió de su acompañante lanzándole un beso de infinito agradecimiento y salió al encuentro de aquel horizonte...

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