Djerba
…creo que cerrando los ojos e imaginando un sitio de esos donde desearías recalar para perderte, lejos de todo lo que entraña la vorágine de una vida moderna, donde no haya bancos, tarjetas de crédito, funcionarios feos que te mal atienden, atascos, ruido, vanidad, ego, competitividad, envidia, polución, jefes mediocres que te hacen la vida imposible, creo, digo, que podría elegir e imaginarme plácidamente una vida mística en la isla de Djerba…si no tuviera algún que otro jefe, y si el dinero, que no lo tengo, más bien deudas, me lo permitiera, el círculo de ese paraíso perdido, encerrado hoy y aún en un sueño, sería sin duda esta isla…algo tiene Djerba de mágico que te atrapa y bien mirado, en ella, no hay mucho o casi nada que hacer…tal vez sea el hecho que haya tanto camello como coche circulando por las carreteras, o más bien desplazándose por caminos de arena de playa que son en verdad las auténticas vías de comunicación entre poblados, o tal vez el encanto y hospitalidad de sus habitantes -mientras te compras una simple corbata “de modé”, te sirven un té a la par que te ofrecen silla y sombra- o tal vez sea por la vida tan apacible y sosegada con la que pululan unos y otros de café en café…no sé, pero “haberlas haylas”, lo que fuere, que su magia se percibe…¿no he mencionado los atardeceres, verdad?
Si no quisiera ser tan perfecto, me entregaría a la comida, dejaría que me crecieran las lorzas camufladas bajo una “jubba” y no me privaría, como hago, de tantas exquisiteces, aromas, especias, pucheros y más pucheros de barro que se rompen delante de tus ojos, con cordero cocido a fuego lento o pescado con tomillo asomando entre tropezones de patatas, tomates y pimientos verdes picantes…de la repostería mejor ni hablamos porque lo más próximo a ella en sensaciones sería algo así como un orgasmo…
Si no fuera porque tengo que llevar corbata y fingir que sé lo que no sé, y distorsionar lo que en realidad soy, Djerba sería perfecta…si entre tanta maravilla no tuviera que dedicar gran parte del día entre turistas, de esos que se suben al escenario a bailar “la Macarena” como si estuvieran sufriendo una catarsis entre epiléptica y pirotécnica, mientras un sol imponente e inadvertido, a causa de la Macarena, se está acostando sobre el mar, Djerba sería perfecta…si entre tanto aroma que rezuma y persigues estirando la nariz nada más entrar en la cocina, no se viera desviado por las voces de los “pieles blancas” que se lanzan sobre las pizzas y las pastas de siempre, Djerba sería perfecta…
…estoy viendo casitas donde vivir, y quiero una de ésas, con ventanas de persiana azul de madera que se empujan desde adentro hacia fuera, abatiéndose en diagonal…sí, de ésas cuyo salón no tenga aire acondicionado pero sí una gran bóveda blanca en su centro para dar frescor a la casa, de ésas en cuyo baño, junto al retrete, haya un grifo y manguerita para limpiarte los bajos y refrescar el ardor de la “jarisa”…de ésas con estancias grandes donde su antítesis, el pisito piloto de 50m2, pareado, unifamiliar, adosado y a pagar en 50 años en cómodas letras de 1000 Euros, no te permite apenas moverte y sí, en definitiva, de ésas con divanes, pufs y canapés bajos para sentarte en un suelo acolchado por alfombras sobre alfombras, mientras escuchas el Corán leído o cantado como si del Canto Gregoriano se tratara….
…sí, Djerba sería perfecta si mañana no tuviera que levantarme a trabajar….
…47 grados a la sombra son muchos pañuelos de papel en el bolsillo para empapar el sudor y un amanecer a las 6 de la mañana con una luz como si de medio día se tratara, pocas horas de sueño para una jornada larga bajo el sol del desierto…es curioso, pero el sonido de los pájaros de un amanecer siempre es uno, propio y diferente al de los atardeceres; su canto y revoloteo es otro, y si por un momento hubieras perdido el sentido de tu reloj biológico, seguramente ellos, los pájaros, sabrían indicarte si se está levantando o poniendo el sol de Djerba…
…mi tío Alfonso me acompaña, y como no puede decírmelo, me manda sus señales…está aquí, a mi lado, como un lucero y aunque suene a delirio - “ande yo caliente, ríase la gente”-, es un hecho, indescriptible, sutilmente perceptible, pero cierto…
IL handulila
Si no quisiera ser tan perfecto, me entregaría a la comida, dejaría que me crecieran las lorzas camufladas bajo una “jubba” y no me privaría, como hago, de tantas exquisiteces, aromas, especias, pucheros y más pucheros de barro que se rompen delante de tus ojos, con cordero cocido a fuego lento o pescado con tomillo asomando entre tropezones de patatas, tomates y pimientos verdes picantes…de la repostería mejor ni hablamos porque lo más próximo a ella en sensaciones sería algo así como un orgasmo…
Si no fuera porque tengo que llevar corbata y fingir que sé lo que no sé, y distorsionar lo que en realidad soy, Djerba sería perfecta…si entre tanta maravilla no tuviera que dedicar gran parte del día entre turistas, de esos que se suben al escenario a bailar “la Macarena” como si estuvieran sufriendo una catarsis entre epiléptica y pirotécnica, mientras un sol imponente e inadvertido, a causa de la Macarena, se está acostando sobre el mar, Djerba sería perfecta…si entre tanto aroma que rezuma y persigues estirando la nariz nada más entrar en la cocina, no se viera desviado por las voces de los “pieles blancas” que se lanzan sobre las pizzas y las pastas de siempre, Djerba sería perfecta…
…estoy viendo casitas donde vivir, y quiero una de ésas, con ventanas de persiana azul de madera que se empujan desde adentro hacia fuera, abatiéndose en diagonal…sí, de ésas cuyo salón no tenga aire acondicionado pero sí una gran bóveda blanca en su centro para dar frescor a la casa, de ésas en cuyo baño, junto al retrete, haya un grifo y manguerita para limpiarte los bajos y refrescar el ardor de la “jarisa”…de ésas con estancias grandes donde su antítesis, el pisito piloto de 50m2, pareado, unifamiliar, adosado y a pagar en 50 años en cómodas letras de 1000 Euros, no te permite apenas moverte y sí, en definitiva, de ésas con divanes, pufs y canapés bajos para sentarte en un suelo acolchado por alfombras sobre alfombras, mientras escuchas el Corán leído o cantado como si del Canto Gregoriano se tratara….
…sí, Djerba sería perfecta si mañana no tuviera que levantarme a trabajar….
…47 grados a la sombra son muchos pañuelos de papel en el bolsillo para empapar el sudor y un amanecer a las 6 de la mañana con una luz como si de medio día se tratara, pocas horas de sueño para una jornada larga bajo el sol del desierto…es curioso, pero el sonido de los pájaros de un amanecer siempre es uno, propio y diferente al de los atardeceres; su canto y revoloteo es otro, y si por un momento hubieras perdido el sentido de tu reloj biológico, seguramente ellos, los pájaros, sabrían indicarte si se está levantando o poniendo el sol de Djerba…
…mi tío Alfonso me acompaña, y como no puede decírmelo, me manda sus señales…está aquí, a mi lado, como un lucero y aunque suene a delirio - “ande yo caliente, ríase la gente”-, es un hecho, indescriptible, sutilmente perceptible, pero cierto…
IL handulila

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