Anécdotas de un español en Túnez
En la recepción hay un pequeño rincón con una mesa y un ordenador para que los clientes puedan conectarse, previo pago, a internet. Un ciber corner que se llama. El espacio es pequeño y sólo tiene luz artificial.
A las ocho de la tarde con una claridad menguante, un cliente navega en internet. Por su posición, pegado a la pantalla, sospecho que se está dejando la vista porque la luz permanece en ese rincón apagada.
Me acerco al botones del hotel y señalando al rincón, le pido se acerque al cliente y amablemente, encienda la luz de ese habitáculo.
El botones reacciona de inmediato entendiendo la situación, fácilmente comprensible con tan sólo señalar desde la distancia el rincón y hacer el gesto de poca luz y ojos entornados…una buena mímica a tiempo es casi más efectiva que un mal francés…
Mi sorpresa fue cuando el botones acercándose al rincón cambió, repentinamente, en el último tramo de aproximación, su rumbo y partió escaleras abajo con paso acelerado…
Con estupor me acerco hasta el ciber corner, saludo al cliente y enciendo la luz. ¡ Oh, gracias, muchas gracias!, responde el cliente agradecido…acto seguido bajo de inmediato las escaleras y al fondo, muy al fondo del pasillo, el botones asoma caminando, aún acelerado, hacia el restaurante…nos reencontramos al final del pasillo, gracias a que la puerta del restaurante estaba cerrada…¿pero dónde vas?, ¿qué haces aquí, el cliente está arriba, esperando que enciendas la luz que te he pedido…su cara reflejaba todo tipo de expresiones al mismo tiempo que ninguna en concreto…veamos, pregunté…¿tú has entendido lo que te he dicho antes…?...no obtuve respuesta; seguía mirándome entre extrañado, confuso pero con una leve y plácida sonrisa…con algo más de energía reciclé mi pregunta…dime, tú en realidad, ¿qué me has entendido?....algo balbuceó en árabe que terminó por responder todas mis preguntas y entendí que si mi francés era malo, el suyo ni existía, por lo que cualquier cosa a partir de ese instante era posible, aunque no demostrable…la cosa quedó ahí, a las puertas del restaurante…lo que nunca llegaré a entender es dónde iba, qué fue lo que entendió ( aparentemente a la primera), cuál era su prisa y porqué esa escapada escaleras abajo hasta el restaurante…¿si no me entendió, qué fue (lo que fuera), que bajó a buscar…?, tal vez algún cable, alguna lámpara, un plato de comida, o ante la incomprensión y el rubor por su parte, “una huída a tiempo, mejor yo me escondo, que no sé qué me ha dicho este hombre, voy a ver si desaparezco…” (?)
La atención telefónica suele ser siempre una cadena de transmisión imperfecta y errática que tergiversa y distorsiona los mensajes que deben ser pasados de unos a otros, empleados o clientes, y en ese sentido, pedí al telefonista que comprobara si en el casillero de las llaves estaba o no, la llave de mi habitación que yo no encontraba…les dejé trabajar y esperé respuesta…sonó el teléfono y la conclusión fue la siguiente… “señor el cliente ya se ha marchado del hotel porque la llave de la habitación, efectivamente, sí está en el casillero”…(?)
Recuerdo también cuando pedí que me pasaran una llamada a otro departamento y la respuesta fue literalmente ésta y surrealista… “no señor Serge, Sergio no contesta”…
Nunca podré olvidar cuando pedí hablar con el “Manager on Duty” (gerente de guardia, que siempre hay uno, estemos o no estemos los que somos que dirigimos)…”no se encuentra señor, ha salido”…. ¡imposible pensé!, alguien de guardia nunca sale y menos sin decírmelo y menos si acabo de verle minutos atrás en recepción, tras el mostrador…(esa tarde de guardia, fungía como tal el jefe de recepción)…incrédulo me presento en recepción y tras el mostrador, felizmente ejerciendo su guardia, ahí estaba, el gerente de turno, junto al recepcionista que me había confirmado que éste no estaba y que había salido…me acerqué al recepcionista, le volví a plantear la cuestión y sin mayor vacilación me repitió lo mismo…esperé paciente a que el gerente de guardia terminara de atender a unos clientes, y juntos, recepcionista, su jefe más inmediato y de guardia, retomé la misma pregunta…a partir de aquí, dejo a la imaginación de cada cuál que vuele sobre los muchos, variados, posibles semblantes y retorcidos gestos del gerente de guardia que atónito y al borde del colapso no daba crédito…olvidé preguntar por el número telefónico marcado por el recepcionista para localizar al gerente de guardia que había salido…me quedé con las ganas de saber su número de extensión e imaginé, sonando, ininterrumpidamente, sin respuesta, un teléfono anónimo de un despacho cualquiera…
Junto a la puerta de las oficinas de dirección hay una mesa y en ésta toda clase de bitácoras de diferentes departamentos que se dejan diariamente para una posterior y siempre amena lectura, donde encuentras escritas toda clase de incidencias habidas durante el día…entre la mesa donde me siento y la mesa de las bitácoras apenas hay escasos tres metros; casi estirando el brazo accederías a ellas, tan cerca que desde la mesa donde trabajo asoman apiladas…una tarde cualquiera solicito a recepción me acerquen la bitácora de guardia, aquella que únicamente contiene las incidencias propias del turno “on duty”…”tut suit”, señor, ahora mismo se la acerco…transcurridos unos segundos escucho un taconeo acercándose por el pasillo…salve decir que desde la recepción, pasillo adelante y sorteando algún esquinazo que otro, son unos buenos metros de distancia. El mismo recepcionista que me atendió por teléfono y rebuscando entre las bitácoras, me alcanza una hasta mi mesa, la propia de recepción, ésa que espera aún a ser leída pero que no se correspondía con la demandada… …”para este viaje tan largo no hacían tantas alforjas, pensé”…veamos, le pregunté…¿no me digas que has venido pasillo adelante hasta aquí tan solo para acercarme algo que está a la vista y a mi alcance y que podría haber cogido yo mismo…?...”sí señor, es la bitácora que usted me ha pedido”…-”no señor, no es la bitácora que le he pedido, porque la que quiero siempre permanece en recepción; no entiendes que para levantarme a cogerla estando tan cerca, no sabría molestarte y retirarte de tu puesto de trabajo…” -“entiendo, y disculpe señor, ahora mismo me la llevo a recepción”….( ?)
A las 11 de la noche, cenando fuera del Hotel, en un restaurante de pescados, suena el móvil. Es el recepcionista de noche….”señor Serge, le paso a su mujer…. ¿cómo?, ¿Qué me pasas a quién?...a su mujer, señor….imposible, mi mujer está a mi lado, cenando conmigo….
…que Alá me guarde la paciencia
A las ocho de la tarde con una claridad menguante, un cliente navega en internet. Por su posición, pegado a la pantalla, sospecho que se está dejando la vista porque la luz permanece en ese rincón apagada.
Me acerco al botones del hotel y señalando al rincón, le pido se acerque al cliente y amablemente, encienda la luz de ese habitáculo.
El botones reacciona de inmediato entendiendo la situación, fácilmente comprensible con tan sólo señalar desde la distancia el rincón y hacer el gesto de poca luz y ojos entornados…una buena mímica a tiempo es casi más efectiva que un mal francés…
Mi sorpresa fue cuando el botones acercándose al rincón cambió, repentinamente, en el último tramo de aproximación, su rumbo y partió escaleras abajo con paso acelerado…
Con estupor me acerco hasta el ciber corner, saludo al cliente y enciendo la luz. ¡ Oh, gracias, muchas gracias!, responde el cliente agradecido…acto seguido bajo de inmediato las escaleras y al fondo, muy al fondo del pasillo, el botones asoma caminando, aún acelerado, hacia el restaurante…nos reencontramos al final del pasillo, gracias a que la puerta del restaurante estaba cerrada…¿pero dónde vas?, ¿qué haces aquí, el cliente está arriba, esperando que enciendas la luz que te he pedido…su cara reflejaba todo tipo de expresiones al mismo tiempo que ninguna en concreto…veamos, pregunté…¿tú has entendido lo que te he dicho antes…?...no obtuve respuesta; seguía mirándome entre extrañado, confuso pero con una leve y plácida sonrisa…con algo más de energía reciclé mi pregunta…dime, tú en realidad, ¿qué me has entendido?....algo balbuceó en árabe que terminó por responder todas mis preguntas y entendí que si mi francés era malo, el suyo ni existía, por lo que cualquier cosa a partir de ese instante era posible, aunque no demostrable…la cosa quedó ahí, a las puertas del restaurante…lo que nunca llegaré a entender es dónde iba, qué fue lo que entendió ( aparentemente a la primera), cuál era su prisa y porqué esa escapada escaleras abajo hasta el restaurante…¿si no me entendió, qué fue (lo que fuera), que bajó a buscar…?, tal vez algún cable, alguna lámpara, un plato de comida, o ante la incomprensión y el rubor por su parte, “una huída a tiempo, mejor yo me escondo, que no sé qué me ha dicho este hombre, voy a ver si desaparezco…” (?)
La atención telefónica suele ser siempre una cadena de transmisión imperfecta y errática que tergiversa y distorsiona los mensajes que deben ser pasados de unos a otros, empleados o clientes, y en ese sentido, pedí al telefonista que comprobara si en el casillero de las llaves estaba o no, la llave de mi habitación que yo no encontraba…les dejé trabajar y esperé respuesta…sonó el teléfono y la conclusión fue la siguiente… “señor el cliente ya se ha marchado del hotel porque la llave de la habitación, efectivamente, sí está en el casillero”…(?)
Recuerdo también cuando pedí que me pasaran una llamada a otro departamento y la respuesta fue literalmente ésta y surrealista… “no señor Serge, Sergio no contesta”…
Nunca podré olvidar cuando pedí hablar con el “Manager on Duty” (gerente de guardia, que siempre hay uno, estemos o no estemos los que somos que dirigimos)…”no se encuentra señor, ha salido”…. ¡imposible pensé!, alguien de guardia nunca sale y menos sin decírmelo y menos si acabo de verle minutos atrás en recepción, tras el mostrador…(esa tarde de guardia, fungía como tal el jefe de recepción)…incrédulo me presento en recepción y tras el mostrador, felizmente ejerciendo su guardia, ahí estaba, el gerente de turno, junto al recepcionista que me había confirmado que éste no estaba y que había salido…me acerqué al recepcionista, le volví a plantear la cuestión y sin mayor vacilación me repitió lo mismo…esperé paciente a que el gerente de guardia terminara de atender a unos clientes, y juntos, recepcionista, su jefe más inmediato y de guardia, retomé la misma pregunta…a partir de aquí, dejo a la imaginación de cada cuál que vuele sobre los muchos, variados, posibles semblantes y retorcidos gestos del gerente de guardia que atónito y al borde del colapso no daba crédito…olvidé preguntar por el número telefónico marcado por el recepcionista para localizar al gerente de guardia que había salido…me quedé con las ganas de saber su número de extensión e imaginé, sonando, ininterrumpidamente, sin respuesta, un teléfono anónimo de un despacho cualquiera…
Junto a la puerta de las oficinas de dirección hay una mesa y en ésta toda clase de bitácoras de diferentes departamentos que se dejan diariamente para una posterior y siempre amena lectura, donde encuentras escritas toda clase de incidencias habidas durante el día…entre la mesa donde me siento y la mesa de las bitácoras apenas hay escasos tres metros; casi estirando el brazo accederías a ellas, tan cerca que desde la mesa donde trabajo asoman apiladas…una tarde cualquiera solicito a recepción me acerquen la bitácora de guardia, aquella que únicamente contiene las incidencias propias del turno “on duty”…”tut suit”, señor, ahora mismo se la acerco…transcurridos unos segundos escucho un taconeo acercándose por el pasillo…salve decir que desde la recepción, pasillo adelante y sorteando algún esquinazo que otro, son unos buenos metros de distancia. El mismo recepcionista que me atendió por teléfono y rebuscando entre las bitácoras, me alcanza una hasta mi mesa, la propia de recepción, ésa que espera aún a ser leída pero que no se correspondía con la demandada… …”para este viaje tan largo no hacían tantas alforjas, pensé”…veamos, le pregunté…¿no me digas que has venido pasillo adelante hasta aquí tan solo para acercarme algo que está a la vista y a mi alcance y que podría haber cogido yo mismo…?...”sí señor, es la bitácora que usted me ha pedido”…-”no señor, no es la bitácora que le he pedido, porque la que quiero siempre permanece en recepción; no entiendes que para levantarme a cogerla estando tan cerca, no sabría molestarte y retirarte de tu puesto de trabajo…” -“entiendo, y disculpe señor, ahora mismo me la llevo a recepción”….( ?)
A las 11 de la noche, cenando fuera del Hotel, en un restaurante de pescados, suena el móvil. Es el recepcionista de noche….”señor Serge, le paso a su mujer…. ¿cómo?, ¿Qué me pasas a quién?...a su mujer, señor….imposible, mi mujer está a mi lado, cenando conmigo….
…que Alá me guarde la paciencia

1 comentarios:
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